Durante medio siglo, familias de ambos lados de la frontera se han reunido en el Parque de la Amistad. Ahora, unos muros de nueve metros amenazan esta experiencia. "Es cierto, [los muros] deben desaparecer. Pero no sólo las barreras físicas, también las barreras en nuestro corazón. Si podemos deshacernos de esas, las físicas seguirán sin problema".
Lea el artículo de The Guardian, que incluye perfiles del fundador del jardín binacional Dan Watman y del deportado (recientemente readmitido en EE.UU.) Robert Vivar, aquí.